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A veces perder es ganar

Siempre manifestamos cierta contrariedad cuando nos llaman perdedor@s, tanto que llegamos al punto de tomar dicha palabra como un insulto o una ofensa y es natural pues a nadie le gusta sentirse derrotad@ o fracasad@. Pero entre las múltiples paradojas de la vida, encontramos que perder no necesariamente tiene acepciones derrotistas y que a veces nos puede resultar altamente constructivo y enriquecedor para nuestras vidas.

Los seres humanos vivimos con un miedo casi patológico a perder, pues siempre queremos una victoria que nos haga plen@s y felices. Pero no solo cuando perdemos, perdemos cosas maravillosas, también podemos perder vicios, defectos, tristezas, recuerdos dolorosos y malos sentimientos, desde este punto de vista, la pérdida seria más llevadera y hasta satisfactoria, ¿no creen?

Perder es ganar aprendizajes y experiencias

Sin embargo, la razón por la cual nunca queremos perder es porque muchas veces no queremos aprender a cambiar ni a dejar ir: no quiero perder este trabajo porque es bien remunerado, no quiero perder mi casa porque he vivido muchos años en ella, no quiero dejar ir a mi pareja porque solo con ella me siento bien… Y sin darnos cuenta, lo que no queremos perder son nuestros miedos, sean chicos o inmensos. Pero para ganar todo aquello que deseamos y amamos primero debemos estar dispuest@s a perderlo, pues así sabremos que si lo que se fue regresa, es porque de verdad pertenece a nuestro camino y ya nada podrá apartarlo de él. Es cuando nos liberamos del miedo a perder, cuando vivimos mejor y amamos con mayor plenitud y altruismo.

Las pérdidas pueden ser verdaderas victorias

Puede que “perdamos” a algo o alguien, pero siempre ganaremos algo: la certeza de que nada es al azar, y que si en nuestro camino hay tropiezos es porque necesitamos nuevos aprendizajes y nuevas experiencias. La vida es sabia, nos regala nuevas oportunidades y nos permite estar al lado de las personas que realmente nos valoran y nos aprecian.

Sucederá que muchas cosas se van, quizá la pareja que creíamos que era la ideal, el o la amiga que pensaríamos que estaría con nosotr@s hasta la vejez… Pero el cielo está lleno de estrellas ordinarias, para que así valoremos a las estrellas fugaces en su sorpresivo y luminoso paso; quizá, también sucederá que descubramos que lo que queríamos para nosotr@s no era lo mejor y demos gracias al cielo por habernos distanciado de lo que en un principio fueron nuestros deseos.

Como dicen por ahí, “perder es ganar un poco” y a veces… ¡mucho! Pues después de toda pérdida queda un aprendizaje ¿y por qué no? El inicio de una vida mejor.

Con amor…
© Lluvia

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