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Chespirito Emprendedor: ¿Qué lecciones podemos aprender de su carrera?

México, lindo y querido, tierra de mariachis, tacos y comediantes, acaba de rendir merecido homenaje a uno de sus hijos más ilustres. Se fue Roberto Gómez Bolaños, el hombre que hizo reír con su gracia universal a millones de seres humanos, pues sus programas han sido traducidos a varios idiomas. Seguramente pronto comenzarán a escribirse diversas biografías de su vida y obra.

Objeto de sentidos homenajes en muchas partes del mundo, incluso en vida, ¿Es acaso la prueba de la brillantez de su talento y obra? Casi todos los diarios de habla hispana del mundo dieron amplio despliegue a la noticia de su partida. Y ya muchos lo consideran «Genio» porque, en sus ratos libres, se dedicaba a resolver ecuaciones diferenciales, como quien dice cálculo puro y duro, ese que es el dolor de cabeza de tantos universitarios en todas partes. Pero la verdad es que Chespirito sí era un genio de la comedia y no en vano la presentación de su programa lo anunciaba como el «Supercomediante Chespirito» (nombre que, a propósito adaptó del apellido del ilustre dramaturgo inglés, tan conocido universalmente, W. Shakespeare).

Se cuenta que, aunque huérfano de padre a la tierna edad de seis años, con el tiempo cultivó su amor por la lectura y la música clásica. De hecho, siempre se escuchaba al inicio de su comedia insigne, en una versión especial, la Marcha Turca de Beethoven.

Debo confesar que no pertenezco a ninguna de las generaciones que disfrutó a plenitud de todos sus programas y personajes (al punto que jamás vi un episodio completo de ninguno), como si lo hicieron muchos de mis parientes, al igual que millones de niños en todo el planeta durante cuatro décadas -y que ojalá sean más- con la genialidad de sus ocurrencias.

Quiero sí, referirme al Chespirito emprendedor en sus facetas, a mi juicio, más destacadas: Persistencia, Creatividad y Originalidad.

Desconozco muchos aspectos de su vida tras bambalinas, pero él mismo afirmó en una de tantas entrevistas que, cuando salió al aire el primer episodio de «El Chapulín Colorado», el héroe hispano con proyección internacional por excelencia, ya contaba con cuarenta y un años de edad, de lo que se deduce que el hombre no la tuvo fácil.

«La primera vez que interpreté al chapulín colorado tenía 41 años, y después interpreté al chavo con 42 años. Nunca es tarde para comenzar. Quiero decir esto especialmente para aquellas personas que dicen que no tienen oportunidades. Siempre las hay.» -Roberto Gómez Bolaños

Tampoco es que yo esté tan viejito, pero a mi me tocó crecer con ese otro ícono del humor mexicano como fue «Capulina», aquel gordito bigotón con sombrero negro desfondado, saco de cuadros bancos y negros -que hasta en caricatura se leían sus historietas, en mis tiempos infantiles, impresas en la inolvidable Editorial Novaro, también mexicana- y durante un tiempo hizo pareja con su compañero «Viruta», flaco como ratón de ferretería, pero que a la postre su socio despidió con una patada donde sabemos (pues, como sucedió con el dúo de cantantes gringos, Simon y Garfunkel, éste le pidió la renuncia a aquel, reclamándole ser el del talento y, como quien dice, quería llevársela toda para él solito…). Y, de igual modo sucedió con generaciones anteriores que gozaron de lo lindo con el talento de su paisano y colega, el sinigual «Cantinflas», quien también se hizo famoso por medio del cine.

Y justamente, por esas cosas de la nostalgia, que gracias a YouTube se pueden mitigar parcialmente hoy día, un fin de semana me puse a escarbar los recuerdos infantiles, buscando fragmentos de películas de «Capulina». Y mirando un poco aquí y allá, topé con la sorpresa de ver, en papel efímero y segundón, activando un pequeño explosivo, nada más, ni nada menos que al mismísimo Roberto Gómez Bolaños, y la verdad sea dicha, lo sospeché desde un principio. Cumplía el rol precisamente de una especie de ladrón (¿Acaso esa experiencia le serviría en el futuro para crear a su célebre personaje «El Chompiras»?, como quien dice, llevando a la práctica una de las recomendaciones que hacía Steve Jobs, de Apple, muchos años después, al aconsejar que «debemos unir los puntos», aludiendo a que todo lo pasado podemos usarlo de alguna manera y adaptarlo para nuestro progreso), pero todo el crédito de la película era para «Capulina».

Con el paso de los años y buscando nuevas alternativas en su carrera, Chespirito logró tener su propio programa, después de muchos intentos y luego del debut, en 1970, de «El Chapulín Colorado». Poco a poco se fue posicionando en el difícil mundo de la comedia, introduciendo sus variados personajes, haciendo lo que nunca se había visto en la tv hispana, como, por ejemplo, usando las famosas «Pastillas de Chiquitolina» y rodeándose de un talentoso elenco de actores que lo catapultaron a la fama, momento en el que seguramente exclamó a solas «No contaban con mi astucia».

Así que, a fuerza de persistir y ejercer todo su talento creativo, se dedicó con alma, vida y sombrero a forjarse un sitial en el firmamento cómico mexicano, y de paso mundial, hasta llegar a convertirse en toda una figura reconocida y aclamada.

Una de las pruebas más contundentes de su inteligencia y sagacidad fue crearse un nombre con sus originales personajes dotándolos de vida propia y tomando un rumbo diferente al de sus dos famosos antecesores. Es decir, en lugar de seguir insistiendo en la pantalla grande, se tomó la pantalla chica para hacerse grande. Y como todos lo sabemos, fue sin querer queriendo

La historia de Roberto Gómez Bolaños

En este vídeo puedes conocer con más detalle la historia de Roberto Gómez Bolaños y los momentos más destacados de su vida:

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