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Cuando el Desorden es una Ventaja

Difícilmente alguien podrá entender que el desorden constituya una ventaja que pueda explotarse en la vida. Por el contrario, las personas lo tratan de evitar en todos los aspectos que sean posibles.

El hombre es un ser de rutinas. Las establece como una forma de enfrentar la incertidumbre, de manejarse en terreno conocido y de eliminar factores que le puedan provocar preocupación, ansiedad o angustia. Buena parte del tiempo, o bien se encuentra inmerso en rutinas definidas o está haciendo esfuerzos para establecerlas. Se presume que las rutinas concluyen por consolidar el Orden, y éste es entendido como una virtud. Mientras las cosas fluyan de forma ordenada las personas calculan que obtendrán mejores resultados.

El problema radica, sin embargo, en que las rutinas construyen un estado muy estructurado de las cosas y en ese sentido reducen flexibilidad y capacidad de adaptación a los cambios.

Las personas que tienen en mucha estima sus rutinas pueden ser también individuos bastante vulnerables, puesto que eventualidades que las alteren los pueden afectar notablemente. Curiosamente, una falla en el sistema de rutinas muchas veces conduce a estas personas a un desorden general y a cambios importantes en su Actitud hacia las cosas y los eventos.

No puede afirmarse que las rutinas y el orden sean malos y que por otra parte el desorden sea un estado deseable, pero la indispensable capacidad de adaptarse a los cambios y la flexibilidad necesaria para encararlos, son cualidades que se encuentran más cerca de las personas que saben conducirse en el desorden de la misma manera que lo hacen en el orden. Ahora bien, en esto hay algo más que un pequeño detalle, porque es muy difícil ser una persona “ordenada”, de manifiesto culto a las “rutinas productivas” y al mismo tiempo saber conducirse bien en el desorden. Habitualmente ambos son estados que colisionan como opuestos.

Intentemos hacer algunas reflexiones de fondo:

La Vida en general, tiene más bien el carácter de un conjunto de eventos desordenados que uno estructurado y definido. Esto es así principalmente porque no existe control sobre el porvenir. Le está privado al ser humano conocer con exactitud cómo se presentarán las cosas en el futuro. Las previsiones son intentos de establecer y encontrar cierto rigor en las cosas que “sucederán luego” pero no dejan de tener la condición de un albur. Efectivamente se pueden tomar todas las previsiones y precauciones posibles en algo, pero ello no determina que las cosas sucederán como se espera. Y puede afirmarse sin equívoco que cuando las previsiones no se cumplen el desorden toma control de la situación.

Por otra parte, el establecimiento de “rutinas” es, de hecho, un planteamiento de las personas para interactuar con la aleatoriedad y el caos, por ende queda establecido con antelación el reconocimiento del “desorden” como estado rector del desenvolvimiento de las cosas en la vida.

La fortaleza entonces, no radica necesariamente en la capacidad de enfrentar con orden la aleatoriedad y el intrínseco caos que viene aparejado con la vida, la fortaleza se encuentra en la capacidad de manejarse bien en ése inevitable desorden.

No son necesariamente las personas muy disciplinadas o aplicadas en sus rutinas quienes salen mejor paradas en éste desenvolvimiento de las cosas. O al menos no lo son quienes invierten mucho esfuerzo en avanzar por ésa ruta, puesto que mientras calculan que en esencia se están fortaleciendo y “creciendo” personalmente, también se están haciendo más vulnerables a los cambios imprevisibles, las contingencias y los imponderables. Las personas con rutinas muy estructuradas y enfático orden de vida sienten con mayor rigor el efecto de cosas que las alteran. Esto por otra parte es muy lógico, puesto que los esfuerzos de “orden y rutina” son costosos, y perderlos afecta mucho.

Existe una frase que utilizan los miembros de las Fuerzas Especiales de la Marina de los Estados Unidos (SEAL) para entender el carácter de su tarea: “The only easy day was yesterday” (el único día fácil fue ayer). La frase no sólo refleja algo que debe estar muy cerca del tipo de trabajo que esta gente tiene, es también una leyenda que describe la naturaleza profunda de la vida. Con exactitud sólo se sabe lo que efectivamente sucedió en el pasado, y dado que la vida está proporcionando la posibilidad de emitir juicio, entonces puede asumirse que ayer fue un día “fácil” porque desde la visión presente, fue en última instancia superado. Otra cosa es calificar el presente o el futuro, puesto que eventualmente podrá ser mejor o peor que el ayer pero no existe forma de calcularlo con precisión.

Estos soldados se entrenan y capacitan para enfrentar la incertidumbre, las contingencias, el cambio, lo desconocido. Y con seguridad tienen rutinas muy estructuradas en el desarrollo de ésas habilidades, y orden por supuesto, pero el objetivo es puntual: poder desenvolverse apropiadamente en el caos.

No es necesariamente el orden el “antídoto” contra el desorden, es la apropiada gestión del desorden lo que finalmente permite evitar los efectos negativos que éste puede provocar y lo que en última instancia proporciona una “rutina mental” útil.

Posiblemente en esta afirmación se encuentre la mejor respuesta: rutinas mentales. En tanto la mente esté preparada para ser flexible y adaptarse, el inevitable desorden que sobrevenga queda dominado. Luego si éste “arte” forma parte de los activos que tenga una persona, se convierte a la vez en una sólida ventaja competitiva, dado que no es algo que posean todos.

Es común clasificar a una persona que tiene la habilidad y la fuerza de voluntad para establecer una vida “ordenada”, como alguien destacado, pero en realidad posee ventaja quién ha llegado a dominar las formas de procesar y actuar ante el inevitable caos y desorden que el destino presenta a todos. Esta persona no se siente particularmente afectada cuando algo lo saca de sus rutinas o rompe el orden que ha construido en su vida, sencillamente transita sobre el evento y sigue adelante.

Hoy existe una notoria tendencia por incorporar a las personas a circuitos de hábitos y rutinas teóricamente saludables y beneficiosas: desde el ejercicio físico, la alimentación, el ocio, hasta protocolos de trabajo y de vida en sociedad. Estos esfuerzos son positivos mientras no conducen a la formación de personas excesivamente “estructuradas” y por ende rígidas. La rigidez siempre constituye el vestíbulo de lo frágil y vulnerable. Muchas veces estas personas no solo demuestran su fragilidad por el efecto negativo que les provoca una alteración del orden que cultivan, también exponen su vulnerabilidad cuando no pueden ajustarse a los objetivos o exigencias que se autoimponen.

El desorden es, en realidad, la rutina que presenta la vida.

El desorden es el estado que plantea las oportunidades para el desarrollo.

El desorden es el desafío que convoca a las personas diestras. Un mundo de orden absoluto concluiría por ser un enorme reservorio de aguas estancadas.

El desorden estimula la creatividad y constituye un llamado a la Acción que pocas veces se asemeja a los llamados que emite el orden.

El desorden es un síntoma del Cambio, y el Cambio es un síntoma de evolución, porque si bien es cierto que pueden existir los cambios hacia “lo malo”, en el “contínuum” del cambio siempre se concluye por alcanzar un estado superior.

Mientras todos se orientan “naturalmente” hacia el orden y la rutina, quien sabe acomodar velas en el implícito desorden que caracteriza el devenir de las cosas, encuentra, precisamente en el desorden, una ventaja.

DATOS DEL AUTOR.-

Carlos Eduardo Nava Condarco, natural de Bolivia, reside en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, es Administrador de Empresas y Empresario. Actualmente se desempeña como Gerente de su Empresa, Consultor de Estrategia de Negocios y Desarrollo Personal, escritor y Coach de Emprendedores.

Autor del libro: “Emprender es una forma de Vida. Desarrollo de la Conciencia Emprendedora”

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