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La vida, el mayor emprendimiento

La vida es el más grande, realizante y trascendente emprendimiento. A lo largo del proceso de la vida, vamos a cursar diferentes emprendimientos, múltiples proyectos, pero en conjunto, conforman el mayor emprendimiento humano, que es la vida misma. Y como todo lo que compete a la vida, este emprendimiento, tiene que ver con ciclos, etapas, procesos.

El universo, la naturaleza y todo lo que hace parte de ello, responde a ciclos y procesos; la vida humana está enmarcada en ciclo y procesos; el ser humano es un ser en proceso de cambio y transformación continua; desde que nace, hasta que muere físicamente, así sea que se transforme como ser espiritual.

En todo caso, debemos percibir la vida como un fenómeno estacionario; hay épocas de primavera, verano, otoño e invierno; el ser humano, cursa un proceso desde que nace que avanza desde la niñez, la adolescencia, la pubertad, la adultez, hasta alcanzar su mayoría de edad.  Es un proceso de crecimiento y desarrollo hacia la madurez plena.

Al observar la vida de las personas, se halla que muchos no han logrado resolver sus necesidades básicas; ni han logrado darse una respuesta adecuada a los interrogantes básicos. Y esto se explica por una razón, hace falta la reflexión. Dice un precepto, “antes de la consagración, está reflexión”. El ser humano, se dirige por los caminos de la vida, y en muchos casos, en forma irreflexiva o inconsulta.

En la sociedad actual, a diferencia de lo que podría creerse, ya que se vive en una era de aparente espiritualidad; los tiempos de reflexión y meditación, son cada vez más escasos. El hombre moderno está marcado por el activismo, es una persona extremadamente ocupada; y esto le ha llevado a adoptar comportamientos neuróticos y compulsivos.

Lo que más ocupa el hombre moderno es la mente; y la ocupa de afanes y preocupaciones. Las personas están ocupadas atendiendo asuntos urgentes y acuciantes, que no hay tiempo, para atender lo importante y lo trascendente. Para abrirse a la reflexión, debe propiciarse la pausa. Y resulta que hay unas reflexiones que son requisitos irremplazables, porque servirán para abrir puertas que nos conducirán por los caminos de la vida.

Primera Puerta: Nivel existencial

La primera puerta nos conduce por una senda hacia resolver los pormenores básicos de la existencia humana. En este nivel, es necesario reflexionar sobre cuestiones, que demandan de una respuesta suficiente, satisfactoria.  Y más adelante, con mayores elementos de juicio, volver sobre esas creencias básicas, reafirmarlas, para que actúen como convicciones personales. Que son el conjunto de principios y valores que van a regir nuestra vida.

¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy? Son preguntas básicas, que cada persona debe formularse por lo menos una vez en la vida, y a partir de su filosofía personal de vida, su cosmovisión, su credo o conjunto de creencias, tener una visión adecuada, que le sirva para ubicarse en la vida.

Cuando una persona no logra resolver estos tres interrogantes básicos, esto ocasiona, la ausencia de una visión objetiva personal, que influye en una proyección de vida.  Una vez que la persona ha reflexionado sobre su condición existencial, está en condiciones de enfocarse o enmarcar su Cuadro de Felicidad. ¿Qué le hace feliz? ¿Qué es lo que quiere lograr en la vida? ¿Cuáles son sus sueños, anhelos y aspiraciones?

La felicidad entendida, no como un momento pletórico, eufórico, puntual, sino como un sentido de realización personal plena. La vida, está compuesta de muchos momentos felices. La felicidad no es un estado continuo, ininterrumpido, incesante de gozo o dicha personal. La vida no es así, sino que está matizada por todo tipo de experiencias, sentimientos, sensaciones, emociones.

Habrán momentos de mucha alegría, pero también habrán momentos tristes, y el pasar por momentos tristes, no significa vivir etapas, trances o periodos de infelicidad, desdicha y mucho menos frustración, esto no significa felicidad, porque la felicidad está asociada con la actitud con que nos enfrentamos a la vida, y más concretamente, con la capacidad para aprender a vivir, cualquiera sea la situación por la que estemos atravesando.

Una persona debe definir, que lo hace feliz; entendido esta felicidad como un estado o dimensión de realización integral, de un pleno despliegue de la personalidad; lograr la plenitud de vida. La persona se siente plena y realizada, por el sentido de logro que ha alcanzado como un ser integral, cuando percibe la materialización de sus sueños.

En todo caso, el concepto de felicidad en el cual creemos y al cual le apostamos, es la felicidad entendida como la capacidad de una persona para aprender a vivir. Muchas personas no disfrutan de la vida, precisamente, porque no han aprendido a aprovechar lo que la vida les ofrece.

El éxito, es un sueño cumplido, un objetivo alcanzado; y a los  largo de la vida, se pueden obtener muchos logros conseguidos; sin embargo, para una verdadera plenitud, la felicidad es la base del éxito.  No se tiene éxito para ser feliz, se es feliz para tener éxito. Porque la felicidad es aprender a vivir, y el éxito es una resultante de la felicidad.

La prosperidad, sobre lo cual se ha escrito ampliamente; en el universo del emprendimiento, la prosperidad es un pleno enriquecimiento personal a nivel integral, es  lograr ser enriquecidos a plenitud, en cada una de las áreas de la vida.  Una persona prospera, es aquella que se ha enriquecido a nivel espiritual, intelectual, afectivo, físico, material.

Prosperidad no es solo tener dinero; ya que hay personas que tiene riqueza material, pero hay personas que tienes riqueza material, pero no tienes riqueza espiritual.  Como está el caso, de personas, que no tienen riqueza material, pero son inmensamente ricas en relaciones a sus cualidades y características humanas, esto es , personas con calidad y calidez humana; creativas, emprendedoras.

Quien hace esta reflexión preliminar, conduce a que la persona realice un ejercicio que es fundamental en el proceso de abrirse paso por la vida, este ejercicio es la Matriz DOFA personal; en la cual, la persona se ubica frente a su entorno inmediato, definiendo o identificando: Fortalezas, Debilidades, Oportunidades y Amenazas.  Esta revisión de fortalezas, le permite a la persona precisar en dones, talentos, habilidades, destrezas.

Esta reflexión se deriva en la descripción, esbozo o primera aproximación a la elaboración escrita de un Plan de Vida; algunos lo llaman “Proyecto de Vida”, pero preferimos llamarlo Plan; porque la vida es el gran emprendimiento; y este Plan de Vida comprende varios proyectos, que los estaremos realizando a lo largo de la existencia: Proyectos Personales y Familiares; Proyectos Laborales o Profesionales; Proyectos Empresariales, Sociales, Vocacionales.

Lo importante, es que la persona en ese Plan de Vida, defina sus objetivos y metas a corto plazo (1 a 2 años); mediano plazo (2 a 5 años); largo plazo (5 años en adelante) En este Plan de Vida, se definen los proyectos a desarrollar, y con qué herramientas o recursos se cuenta.  Así, como los indicadores de logro, que servirán para medir o evaluar el comportamiento de las actividades, y como los resultados obtenidos se ajustan a los objetivos previstos.

Segunda Puerta: Nivel Vocacional

Como vimos en el nivel existencial, el punto de partida es una reflexión, en este caso, en el nivel vocacional, la confrontación personal, va dirigida a preguntarse: ¿Para que soy bueno? ¿Qué es lo que me gusta hacer? ¿En qué puedo trabajar?  ¿A que me puedo dedicar? ¿En qué puedo ser productivo? ¿Qué actividad económica podría emprender?

Debemos partir de una premisa que es la base de todo emprendimiento personal, “nadie es un bueno para nada”; esto sería el más injusto calificativo a una persona. Tampoco “nadie es un bueno para todo”, porque esto sería una exagerada actitud de arrogancia y autosuficiencia, de orgullo personal y soberbia. “Todos somos buenos para algo específico”. La productividad se inicia al identificar el potencial productivo.

Una vez que la persona reflexiona, tal vez, con la ayuda, asesoría o acompañamiento de un experto en la materia; y resuelve, ¿para qué es bueno? ¿Qué es lo que gusta hacer? ¿En qué áreas se considera productivo? ¿A qué se puede dedicar? ¿En qué tiene talento natural? ¿En que demuestra habilidad y destreza personal? Esta lista, para enfocar o enmarcar su Cuadro de la Productividad. En este Cuadro, define, los emprendimientos en los cuales se va a enfocar.

Y esto conduce a la persona a una revisión o autoevaluación de sus competencias, habilidades o destrezas para su vida laboral, profesional, productiva; lo que llamamos la DOFA laboral o profesional, y este reconocimiento del perfil emprendedor, debe reflejarse o derivarse en un proyecto empresarial, laboral, profesional. Este hace parte del Plan de Vida, pero se circunscribe en el marco productivo.

De igual manera, que en el nivel existencial, la persona define objetivos a corto, mediano y largo plazo; en este nivel, donde la persona, esboza o perfila, una idea general del negocio o emprendimiento, comienza a estructura el concepto gerencial del negocio, o resumen ejecutivo del emprendimiento.

Este describe en termino generales, la naturaleza de la empresa o negocio, el mercado a abordar, los productos o servicios a ofrecer; el perfil de los clientes a conquistar, las réditos, utilidades o dividendos a conseguir; el aporte de responsabilidad social, el diferencial competitivo, o identidad misional. También debe definirse las herramientas y recursos con los cuales cuenta, así como los indicadores de logro, para evaluar los resultados alcanzados.

Tercera Puerta: Nivel Trascendente

La trascendencia está relacionada con la capacidad que tenemos los seres humanos, de ir mas allá de algún límite establecido, de superar o sobreponerse a las fronteras existentes.

En el sentido estricto de la definición, trascender se compone de dos términos, Tras, (atravesar, “ir tras…”) y ascender, (escalar, elevarse) Desde un punto de vista filosófico, el concepto de trascendencia incluye además la idea de superación o superioridad. Trascender significa la acción de «sobresalir», de pasar de «dentro» a «fuera» de un determinado ámbito, superando su limitación o clausura.

En este nivel, se parte igualmente de una reflexión: ¿Cuál es mi visión? ¿Cuál es mi legado? ¿Cuál es mi aporte social? ¿Cuál es mi sentido misional de vida? Y el enfoque, sigue estando relacionado o articulado a lo existencial y vocacional; pero se abre hacia una perspectiva más amplia, hacia la competitividad, que le hace a la persona única, especial.

Y especial, porque además de ser una persona valiosa y única, es especial, en términos de especialidad; especial porque se ha especializado. Líder es aquel que sea esforzado en servir. Que marca la diferencia, porque se ha esforzado en ser mejor persona.  Modelo, porque se ha esforzado en construir un camino. Emprendedor, porque se ha arriesgado hacer aquello que otros no se atreven.

Y esto, le lleva invariablemente a autoevaluar el Modelo que ha construido, frente al entorno y a revisar comparativamente, este modelo frente a otros modelos similares. Esta revisión se enfoca no solo en el producto final, sino en el perfil o diferencial competitivo y el proceso cursado o emprendido.  Esto se deriva en una Matriz Dofa del modelo, que cual debe estar sujeto a mejoras continuas.

El modelo empresarial o corporativo, es el resultado de un proceso de aprendizaje, de mejoras continuas, en el cual se ha avanzado, se ha evolucionado, hasta alcanzar unos niveles deseados, o estándares de calidad y logro prestablecidos; lo que abre paso, a un posicionamiento e influencia, y en consecuencia, un liderazgo frente al mercado que deja legado; un emprendimiento que deja huella, un modelo que sirve de plataforma para para generar cambios y construir progreso.

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