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Cuando la Aptitud Mengua, la Actitud Reina

La Aptitud clasifica a las personas, la Actitud las califica. La Aptitud es un recurso y la Actitud es un activo. Mientras la primera es un factor facilitador, la segunda es una fuente de Poder.

No existe proceso comparativo equilibrado en el que una persona con grandes aptitudes supere a una persona que tenga la Actitud correcta. El conocimiento en general y la propia sabiduría constituyen sólo los frutos de un árbol fuerte que echa raíz en la disposición y el carácter. El conocimiento nunca genera la Actitud apropiada, el conocimiento es producto de ella.

Se afirma con arrogancia que el conocimiento es poder y sin embargo existen incontables personas que viven en la más completa invalidez aun siendo poseedoras de vastos conocimientos. La historia está llena de mentes geniales completamente atormentadas, de sabios incomprendidos y de vanos eruditos. La pobreza, incluso, establece dominio con mayor rigor entre los que más conocen y el éxito elude con frecuencia la rigidez de las “grandes mentes”.

La Vida nunca ha establecido como premisa de la Existencia el “Conocer o el Saber”, el imperativo de la Vida es simple: VIVIR BIEN, y ello sólo se consigue con la actitud apropiada.

Es posible que incluso las mentes más brillantes carezcan de la capacidad de entender la riqueza integral que existe tras la demanda de Vivir Bien, porque quién lo hace corona todas las virtudes que se aprecian en la Vida. Vivir Bien involucra buscar la prosperidad, codiciar el entendimiento, desear la felicidad, anhelar la paz. Estas cosas no las alcanza el Saber.

La humanidad posee hoy un inventario de conocimiento que jamás se hubiera imaginado el ser humano medieval, su acceso es hoy un patrimonio colectivo, y sin embargo sufrimos también algunas de las calamidades más horrendas de la historia. Cuando se afirma con candidez que la “ignorancia es atrevida” se elude la otra verdad: el “conocimiento es depredador”.

Por otra parte la cultura atávica de educación privilegia desde el hogar y la temprana infancia la “acumulación de conocimiento” para enfrentar la rigurosidad de la vida y prevalecer ante ella. La educación escolar ortodoxa afincada en métodos obsoletos que se remontan a la antigua Prusia, sigue siendo la forma de “producir” el agente económico promedio; las universidades son sofisticadas fábricas de “personas poseedoras de educación superior” que nutren frecuentemente las filas del desempleo o de la “frustración profesional”.

Cuando algunas de las empresas más grandes de la tierra ya preguntan ¿Qué sabes hacer? en lugar de ¿Qué estudiaste?, la sociedad en general sigue apostando por el conocimiento tradicional. Cuando la persona que estudió muchos años de medicina trabaja manejando un taxi y cuando el taxista ya es propietario de un flota de camiones, la cultura general sigue reclamando más de la misma educación de siempre.

Este “culto al conocimiento” celebra el título profesional del nuevo abogado e ignora si existe una básica “inteligencia financiera”. Festeja el afán de perseguir un post-grado, una maestría, un doctorado y desconoce si existe el mínimo fundamento de disposición a la vida y de carácter.

Si en algo es importante el conocimiento es en SABER cómo funciona la Vida y cómo se puede Vivir Bien, pero ¿Dónde se aprende esto o quién lo enseña? O con mayor preocupación debiera preguntarse ¿Quién lo fomenta?

Cuando se identifican casos de personas que sinceramente se consideran exitosas en la vida o se encuentran en paz consigo mismas o han alcanzado el equilibrio fundamental que les permite vivir bien, pocas veces emerge como factor explicativo el conocimiento profundo o la vasta educación. En estos casos resplandece el carácter, la personalidad, el coraje. Y detrás de ellos un elemento simple y fundamental: una correcta Actitud hacia la vida.

La Actitud es la representación diáfana de la Inteligencia. La persona inteligente cultiva una Actitud apropiada hacia las cosas de la vida. No es inteligente quién más sabe o quien mayor experiencia tiene acumulada, inteligente es quién ha aprendido a sostener una Actitud coherente ante la vida.

No existe algo que pueda llamarse Actitud positiva o actitud negativa, la Actitud es siempre propositiva, estoica y confiada. La Actitud nunca es pasiva porque su génesis conceptual hace referencia al “acto”,  a la “acción”, al hacer las cosas y no concluir siendo nave pequeña a merced de los caprichos del viento y de la corriente.

Por supuesto que la Actitud no desprecia el conocimiento, más bien se vale de él para simplificar lo propuesto. Pero la actitud sostiene una ignorancia sana con respecto al obstáculo, a la imposibilidad, a la dificultad o a la perpetua debilidad del espíritu humano.

La Actitud entiende muy bien algunas cosas elementales de la Vida:

  • Que ésta es efímera.
  • Que con nada se llega y con nada se parte de ella.
  • Que existe el Derecho básico de ser feliz y que éste derecho OBLIGA.
  • Que todo ser humano es Libre de vivir como quiera y que cada quién tiene el derecho de defender ésa Libertad cuando otro la invade.
  • Que la Vida no es fácil.
  • Que nadie ofreció flores en esta vida y que es ocioso cargar macetas.
  • Que la Vida no regala nada a nadie.
  • Que se pierde muchas más veces de las que se gana.
  • Que se aprende cada día.
  • Que el Siempre y el Nunca son los estados más transitorios que existen.
  • Que Éxito se escribe con “e” minúscula porque lo grandioso es sólo la suma de pequeños logros.
  • Que Existir se escribe con “e” minúscula porque la Vida solo ofrece Momentos.
  • Que el mayor tesoro del ser humano se encuentra “entre sus dos orejas”.
  • Que la Fe mueve montañas.
  • Que el ser humano NO ES lo que le sucede.
  • Que todas las criaturas que rodean al ser humano son Maestros que tienen algo por enseñar.
  • Que la Soberbia es el peor de los pecados.
  • Que la posición más poderosa del ser humano sobre la tierra es cuando se pone de rodillas.
  • Que el secreto de la longevidad es hacer siempre lo mejor posible y nada más.
  • Que todo cambio se produce de “adentro hacia afuera”.
  • Que la humildad es condición inherente al ser humano porque éste no es nada más que una partícula diminuta en las proporciones del universo.
  • Que el entendimiento de la vida se resume en comenzar y concluir cada día con un Gracias.
  • Que el ser humano es la única criatura sobre la tierra que Sonríe.
  • Que los besos y los abrazos de Dios se transmiten por medio de los seres que lo aman.
  • Que Amar sin demostrar es lo mismo que sentarse sobre una corona en lugar de llevarla en la cabeza.
  • Que no existe mejor médico que el tiempo y mejor juez que la conciencia.
  • Que no se habla si no se tiene algo bueno por decir.
  • Que la queja es el grito de exclamación del débil y la mentira del cobarde.
  • Que el único enemigo que no peca de ociosidad es el que se lleva dentro.

Cuando el ser humano carece de Actitud, es presa fácil de la vida, como una sombra que desaparece en la oscuridad. De ello no lo rescata todo el conocimiento del mundo.

Por otra parte, cuando todo lo demás mengua, la Actitud Reina y así perfecciona ésa máxima que distingue a una persona entre las demás:

“Las estrellas brillan cuando el sol se oculta.”

DATOS DEL AUTOR.-

Carlos Eduardo Nava Condarco, natural de Bolivia, reside en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, es Administrador de Empresas y Empresario. Actualmente se desempeña como Gerente de su Empresa, Consultor de Estrategia de Negocios y Desarrollo Personal, escritor y Coach de Emprendedores.

Autor del libro: “Emprender es una forma de Vida. Desarrollo de la Conciencia Emprendedora”

WEB: www.elstrategos.com

Mail: carlosnava@elstrategos.com

Facebook: Carlos Nava Condarco – El Strategos

Twitter: @NavaCondarco

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