Las 7 reglas de oro para fracasar con el coaching

Creo que a estas alturas el tema coaching ya ha sido más que  tratado, manoseado, difamado y ensalzado al mismo tiempo.

Para ser honesta, no hay artículo, foro o especialista en RRHH que no dedique algún momento a tratar sobre ello.  Y qué decir, del sin fin de profesionales que ahora se dedican a ello. Así que, no me gustaría dedicar este artículo a volver a contar las bondades de esta técnica, sino más bien a desgranar la mediocridad con la que nos solemos enfrentar a ella.Hace mucho tiempo un amigo me contó que esta crisis es como una herida infectada, podíamos hacer dos cosas: uno, abrir y desinfectar aunque duela, pero evitar que se vuelva a repetir o dos, poner una tirita. Está claro que la herida cicatrizará de todas formas, un sistema causará más dolor que el otro, pero solo uno de los dos hará que de verdad nos curemos.

En mi opinión, en la empresas y en la vida pasa un poco lo mismo: podemos quedarnos con la dificultad del momento, podemos analizar la situación con mediocridad y mirarnos el ombligo, o podemos de verdad pensar qué es lo que SI está en nuestras  manos hacer, aunque el camino duela. De esto, al final va cualquier proceso de crecimiento o mejora en cualquier habilidad. Pero claro, este camino no es fácil, ni inmediato, no podemos pedir a una persona que avance, mejore o que alinee sus competencias a las necesidades empresariales y pensar que puede ocurrir de la noche a la mañana.

Si de verdad quieres alinear el talento de las personas, con las necesidades organizativas, si crees que el máximo valor de una compañía está en la gente que en ella trabaja, o si bien no crees nada, pero necesitas ser mejor que tu competencia, estas son para mí las 7 reglas que debes evitar:

  • El corto plazo. Sé que el tiempo se nos echa encima y que las cosas no están para darse muchos lujos en lo que al tiempo respecta, pero podemos hacer algo corto y que no dure, o algo a un plazo de tres / seis meses y que sus resultados perduren en el tiempo. Para entender esto mejor quizás debería antes contar que cuando hablamos de cambiar hábitos o conductas, de lo que en realidad estamos hablando es de ayudar a las personas a encontrar un nuevo camino para dar contestaciones diferentes y, por ello, debemos tocar sus creencias. Esto es lo que el coaching consigue a través de un proceso de preguntas bien encaminadas; dar lugar a nuevas soluciones. La persona va descubriendo nuevas alternativas, que nacen de su interior, que le provocan nuevas respuestas frente al mismo entorno. La formación está bien y es necesaria, pero no tiene nada que ver con este proceso de crecimiento. A través de un curso adquieres nuevos conocimientos, a través del coaching las respuestas surgen de tu interior, las haces tuyas. Pero claro, este camino necesita de reflexión, de tocar emociones, de tiempo para abrir otras ventanas que den luz nueva y perdurable en el tiempo.
  • Imponer. Como casi todo en esta vida es posible si uno quiere, pero si no hay voluntad de mejora o cambio, estarás tirando tu dinero y su tiempo. El coaching no se puede obligar, no se puede atar a las personas y obligarlas a reflexionar, no se puede imponer que hablen, pero sí se puede influir, ayudar y convencer de los progresos que realizará.
  • Castigar en vez de premiar. Parece que en la mente de muchas personas se ha instalado la idea de que el coaching es una gran herramienta para quienes tienen problemas, es decir, se utiliza en muchos casos correctivamente. Pues hombre, qué quieren que les diga.Para corregir sirve, no seré yo quien diga que no, pero para avanzar y mejorar, también. Pero si sólo lo utilizamos como tabla de salvamento para aquellos que estamos pensando en despedir, ¿qué dirá el resto de los empleados cuando queramos simplemente ayudar y premiar a quien nos da resultados excelentes y queremos fortalecer en este camino? ¿Qué pasará cuando promocionemos a alguien y deseemos  ayudar? Pues la respuesta es sencilla, que el resto pensarán que ha hecho algo mal y posiblemente la persona lo reciba como un premio envenenado.
  • No defender lo que de verdad crees. Muchos son los Directores de RRHH que cuentan que el problema que tienen para implementar el coaching como estrategia de desarrollo en su compañía es que la Dirección no cree en él. Pues créanme que este problema no es nuevo, en realidad es algo que pasa en un sinfín de organizaciones y no sólo con el coaching. ¡Qué le vamos a hacer! Así y todo, esto no es razón para no intentarlo. ¿Cómo? Sabiendo cómo venderlo. Para empezar, ante una negativa lo que se debería analizar es qué espera el DG de sus managers, qué echa en falta, qué necesita… Luego, saber qué le bloquea: ¿Es el dinero, el tiempo, no ve la necesidad…? Si después de rastrear siguen sin estar convencidos, siempre puedes hacer algo más objetivo como un feedback 360ª, que dé luz de por qué el coaching es necesario… Si sigue diciendo no, puedes esperar un momento mejor o puedes aducir que necesitas que confíen en ti. Claro que esto es muy fácil de escribir y muy difícil de hacer, lo sé. Quizás como última prueba podrías hacer que tuviera una entrevista con un coach o con alguien que lo haya vivido. En realidad, tú sabes mejor que nadie cómo convencerles, pero por favor, no desistas.
  • Centrarte en el problema en vez de en la solución. Muchas de las cosas que nos ocurren vienen cegadas por el bloqueo que sentimos ante el propio acontecimiento. Queremos tener el mejor equipo, necesitamos que, además, ante un proceso de cambio o de incertidumbre den lo mejor de sí mismos, pero no siempre están preparados o tiene las herramientas para alcanzarlos. Busca un objetivo, encárgate de pactar esos objetivos con el coach, y verás cómo los resultados se van dando en el camino.
  • Dejar todo en manos del coach. Siguiendo el punto anterior, una de las cosas que suelo encontrar por ahí son compañías que, buscando el mejor coach, lo dejan todo en el poder de la empatía; no sin ser esto necesario, no es suficiente. Hay que ver qué metodología se va a trabajar, hay que definir un objetivo y hay que verificar qué se trabaja en ello, al menos si hablamos de coaching para el desarrollo profesional.
  • No valorar la marca. Pues sí, lo siento, estamos en época de vacas flacas y ante la incertidumbre, con la que se enfrentan muchas compañía a este proceso, hay que buscar un buen respaldo, alguien a quien quejarse si las cosas no van bien o alguien a quien recurrir si tienes que cambiar el coach.

El coaching es, y lo ha sido  a lo largo de toda la historia, con otros nombres y otros maestros, el camino por excelencia para mejorar, pero puede que al convertirlo en una moda nos estemos olvidando de lo que realmente importa; y lo que importa es darse cuenta de que el compromiso que esperamos en nuestras compañías debe ser recíproco. Los objetivos lo consiguen personas y sólo teniendo las mejores conseguiremos resultados excepcionales. Pero el mejor no se encuentra siempre de puertas para fuera sino ayudando a crecer a las personas que tenemos dentro, y por tanto, el coaching es y será una gran inversión y no un gasto.

Sólo saldremos de donde estamos abandonando la mediocridad, valorando lo que realmente importa y ayudando a las personas a conseguirlo. Así que si quieres fracasar, ya sabes lo que tienes que hacer, pero si quieres de verdad triunfar en equipo, también.

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