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Las inversiones compran los lujos

El hijo de un amigo ha estado desarrollando el mal hábito de «un agujero que le quema en el bolsillo». Apenas cumplió 16 años, naturalmente quiso su propio automóvil. La excusa era «todos lo padres de mis amigos le regalaron uno a sus hijos». El muchacho quería disponer de sus ahorros para pagar el anticipo. Ahí fue cuando su padre me llamó.

«¿Crees que debería dejar que él lo haga, o que yo debería hacer como otros padres, y simplemente comprarle el automóvil?»

A lo cual respondí, «aliviaría la presión en el corto plazo, pero ¿qué le habrás enseñado con el tiempo? ¿Puedes tomar este deseo de tu hijo de tener su propio auto, e inspirarlo para que aprenda algo?» De repente se encendieron las luces, y corrió a su casa.

Dos meses después volví a ver a mi amigo otra vez, y le pregunté, «¿Tiene tu hijo su automóvil nuevo?»

«Oh, no. Pero fui y le di 3.000 dólares para eso. Le dije que use mi dinero, en lugar del dinero para su carrera en la Universidad.»

«Bueno,» dije, «eso fue generoso de tu parte.»

«No, no exactamente. El dinero incluyó una cláusula. Tomé tu consejo de utilizar su intenso deseo de comprar un automóvil, y empleé esa energía para que pudiera aprender algo.»

«¿Y cuál fue el enganche?» pregunté.

«Bueno, primero, iniciamos otra vez tu juego CASHFLOW. Lo jugamos, y tuvimos una larga discusión acerca del buen uso del dinero. Entonces le regalé una suscripción para el Wall Street Journal, junto con algunos libros sobre el mercado de valores.»

«¿Bueno, y qué?» pregunté. «¿Qué había en el anzuelo?»

«Le dije que los 3.000 dólares eran suyos, pero que no podía comprar el automóvil con ellos directamente. Podía utilizarlos para comprar y vender acciones, encontrar su propio corredor de bolsa, y una vez que hubiera ganado 6.000 dólares con los primeros 3.000, el dinero sería suyo para el automóvil, y los 3.000 dólares irían a parar a los fondos para sus estudios.»

«¿Y cuáles fueron los resultados?» pregunté.

«Bueno, al principio tuvo suerte en sus transacciones, pero unos días más tarde perdió todo lo que había ganado. Entonces realmente se empezó a interesar. En este momento, diría que está 2.000 dólares abajo, pero su interés va en aumento. Leyó todos los libros que le compré, y se fue a la librería a comprar más. Lee el Wall Street Journal vorazmente, prestando atención a los indicadores, y mira CNBC en lugar de MTV. Le quedan sólo 1.000 dólares, pero su interés y su aprendizaje andan por las nubes. Sabe que si pierde ese dinero, caminará por dos años más. Pero no parece importarle demasiado. Incluso parece desinteresado en la compra del automóvil, porque ha descubierto un juego más divertido.»

«¿Y qué pasa si pierde todo ese dinero?» pregunté.

«Habremos cruzado un puente si llegamos hasta allí. Prefiero que pierda todo ahora, en vez de esperar a que tenga nuestra edad y corra el riesgo de perderlo todo. Y además, esos 3.000 dólares, son la mejor inversión que he hecho en su educación. Lo que está aprendiendo le servirá para toda la vida, y parece estar ganando un nuevo respeto por el poder del dinero. Creo que ya no tiene ese agujero quemándole en su bolsillo.»

Como ya dije en la sección de «Páguese primero a usted mismo», si una persona no puede dominar el poder de la autodisciplina, es mejor que no trate de ser rica.

Porque, mientras en teoría, el proceso de generar flujo de efectivo desde la columna de las inversiones es fácil, la fortaleza mental de dirigir ese dinero, es difícil. En el mundo consumista de hoy, es mucho más fácil hacerlo volar a través de la columna de los gastos, debido a las tentaciones externas. Dada la falta de fortaleza mental, ese dinero fluye por la vía de menor resistencia. Esa es la causa de la pobreza y las angustias financieras.

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