Me subí a mi auto, tomo el volante; de regreso a casa… después de haber terminado un culto de evangelización y cuando íbamos por el carril de la derecha, por poco nos estrellamos con un carro que así de repente y de la nada salió como bólido de donde estaba estacionado.

Alcancé a frenar a todo lo que daba, el vehículo se derrapó y por un pelo de rana casi le pegamos al auto que quedó frente a nosotros.

Después de esto, el conductor del auto contrario, el tipo que casi causó el accidente, un hombre tez blanca, con pronunciada calvicie, de unos cuarenta años de edad asomando la cabeza por la ventanilla comenzó a gritarme una cantidad horrible de insultos y majaderías…

Todavía recuperándonos del susto, los hermanos que iban conmigo, uno que estaba sentado al costal derecho del asiento trasero, sumamente enojado queriendo sacarme de mis casillas al ver que de una forma extremadamente amistosa y cortés le sonreía y saludaba con la mano al conductor del otro auto.

El estaba furioso y confundido, pero no se quedo con las ganas y me pregunto: por qué yo me ponía a sonreír y saludar al tipo que casi nos hizo chocar, arruinar mi vehículo y posiblemente hasta enviarnos al hospital o la morgue.

Entonces, la presencia de Dios cubriéndome, al frente a mi izquierda observo un camión de basura, con mi vista puesta fijamente en el hueco donde se echa la basura, con voz pausada le conté lo que ahora yo llamo “La Ley del Camión de Basura”.

Mire, y con mi dedo índice apuntando al camión _le dije: ¿Ve aquel camión de basura? Sí, me contesto, ¿y eso qué tiene que ver?

-Pues, así como esos camiones de basura existen, hay muchas personas que van por la vida llenos de basura, frustración, rabia, odio, engaño y decepción.

Tan pronto como la basura se les va acumulando necesitan encontrar un lugar donde vaciarla, y si usted los deja seguramente le vaciarían su basura, sus frustraciones, sus rabias y sus decepciones. Por eso cuando alguien quiere vaciar su basura en mí, no me lo tomo personal; sino tan sólo sonrío, saludo, le deseo todo el bien del mundo y sigo mi camino. Hágalo usted también y le agradará el haberlo hecho, se lo garantizo.

A partir de este momento comienza a pensar qué tan a menudo permite que esos Camiones de Basura te atropellen; y pregúntate así mismo cuán a menudo recoge esa basura y la esparce a otra gente en casa, en el trabajo o en la calle.

Así que prométete que ya jamás lo va a permitir. Comienza a ver camiones de basura y así como el niño de la película “El Sexto Sentido” decía que veía a los muertos, bueno ahora así ve a los Camiones de Basura. Ve la carga que traen, los ve que te quieren echar encima su basura, sus frustraciones, sus rabias y sus decepciones y tal y como yo te lo recomiendo, no te lo tome personal, tan sólo sonríe, saluda, deséales lo mejor y sigue adelante.

Los buenos líderes saben que tienen que estar listos para su próxima reunión. Los buenos padres saben que tienen que recibir a sus hijos con besos y abrazos. Los líderes y los padres saben que tienen que estar física y mentalmente presentes y en su mejor estado para la gente que realmente es importante para ellos.

En resumen, la gente exitosa no permite que los Camiones de Basura absorban su día.

Prov.15:1
“La blanda respuesta quita la ira: Mas la palabra áspera hace subir el furor.”
1 Tesalonicenses 5:16
Estad siempre gozosos.
Salmos 16:11
Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre.
Isaías 65:18
Más os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aquí que yo traigo alegría y gozo

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