Delegar: Puerta efectiva hacia el liderazgo

Delegar actividades y/o responsabilidades es la puerta más efectiva que podemos tomar hacia el verdadero camino del liderazgo. Sin embargo, es una puerta que nadie se debe atrever a pasar sin antes tener en cuenta esta premisa básica de que «el líder» no sólo además de poseer las ideas y/o los conocimientos necesarios para llevar al éxito «X» o «Y» actividad, es quien logra «integrar» a otras personas con esas ideas, con esos conocimientos ó con esas actividades. El líder es quien reconoce que no dirige a un grupo o grupos, él sabe que pertenece a un equipo.

En ocasiones «el jefe» [o empresario] se queja de que no encuentra al personal idóneo para que trabaje de acuerdo a sus expectativas, conforme a sus experiencias y/o en función de sus ideas. Por lo anterior «termina haciéndolo “todo” él». No obstante, el común de este problema es el estrés, el cansancio, la desilusión y con todo lo demás… el mal genio que por lo general tienen los jefes. No obstante, ¿cuánto de cierto habrá en ésa afirmación? Pueda que en algunos casos tengan completamente la razón, como existirán también otro buen número de ejemplo verídicos en que no. En el primero de los casos quizá haya que optar por la salida más «fácil» pero de mayor costo: la destitución. En el segundo, [y no sin antes aplicarlo al primero] habrá mejor que elegir entre delegar o terminar siendo un Ogro.

¿Por qué algunos terminan «haciendo todo» y no delegan?

Pueda que se deba, entre muchas razones, a las siguientes:

  1. El personal no está preparado para asumir una responsabilidad.
  2. El jefe no dispone del tiempo necesario para dedicarlo a enseñar y preparar al personal.

La vida, hay que reconocerlo, es una escuela valiosa en la que con un poco de disposición, paciencia y alguno que otro medio o herramienta, puede llegarse a aprender casi de todo. Sin embargo, ese «aprender» muchas veces nunca se da solo; y aunque el que aprende debe mucho a su interés, atención, habilidad e inteligencia, también necesita, además de poner en práctica lo que aprende, la confianza de un maestro que no sólo le guie sino que además le enseñe. Sin embargo por lo general muchos jefes olvidan la inducción y la dirección: Y esconden su error y su indisposición para enseñar en su famoso «no tener tiempo», pierden con ello elementos que pueden llegar a ser más valiosos de lo que son, nunca aprenderán a descansar en la delegación y terminaran siendo unos cansados «todólogos».

Después de todo, trabajo y productividad sólo se diferencian por una enseñanza valiosa: «No es cuestión de trabajar más, sino de trabajar con más inteligencia».


Artículo escrito por José Tomás Cubías Abarca

José Tomás Cubías Abarca E_mail: apoyo.mype@hotmail.com; Blog: http://gestion-mypes.blogspot.com/

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