¡El futuro está en nuestras manos!

Estamos tan inmersos en nuestro pedacito de tragedia que no nos hemos dado cuenta de lo que realmente está sucediendo. Cada quien está garantizando su supervivencia en este momento tan crítico y crucial. Hay drama y muerte por todas partes. Pero también hay heroísmo y solidaridad. Hay países que han enfrentado mejor que otros la pandemia y hay gobiernos que se esfuerzan y dan el máximo de sí mismos como hay otros que tratan de desviar la atención hacia otra parte para intentar ocultar su ineficacia. Hay de todo en esta Tierra nuestra. Así ha sido siempre y así será.

Pero creo que ya es hora de hacernos la gran pregunta que todo el mundo parece desconocer o evitar. ¿Por qué está sucediendo esto? ¿Cuál es la finalidad oculta tras una pandemia que asola a la especie humana y contra la cual de nada ha valido el poder, ni el dinero, ni el desarrollo económico, ni ningún otro de los rasgos que distinguen a la «civilización humana»?

Pero para responderla primeramente hay que estar dispuesto a aceptar la respuesta. Y una vez que tengamos esa disposición hay que estar preparados para asimilar la respuesta. Y por último tenemos que tener bien claro qué vamos a hacer con la respuesta.

El futuro está en nuestras manos

Mientras estemos concentrados en resolver nuestras pequeñas tragedias y nos olvidemos del resto de la especie humana no vamos a verla por nosotros mismos ni vamos a aceptarla en boca de otros. Tenemos que abrir nuestra mente y nuestro corazón, tenemos que montarnos en una nave espacial imaginaria y separarnos de la madre Tierra, y mirar desde la distancia para que veamos como el planeta entero forma un todo único e indivisible dónde todo está relacionado y depende del resto. Cuando seamos capaces de hacer semejante abstracción veremos que lo que sucede en la más remota isla de cualquier rincón del planeta nos afecta a todos por igual. Cuando tengamos esa visión, entonces estaremos listos para responder a la pregunta.

Pero con eso no basta. Tenemos además que saber asimilar todo ese volumen de información y crear un modelo del mundo que nos sorprendería cuán alejado está de todos los conceptos nacionalistas e individualistas que hasta el momento han regido nuestras vidas y nuestras sociedades, nuestra política y a nuestros gobiernos. El mundo, el planeta Tierra no es una mera esfera cubierta de agua y tierra. Es un ser vivo que evoluciona, cambia, se reajusta, y se adapta. Asimilar eso es bien difícil si no estamos dispuestos a y preparados para hacerlo.

Y después queda la cuestión de que vamos a hacer con esa nueva realidad que nos ha golpeado y hecho tambalear todas nuestras creencias y actitudes. Aquí hay sólo dos caminos: o aceptamos la realidad y nos adaptamos o continuamos inmersos en nuestra visión egoísta y parcializada de la realidad y perecemos. Y cuando digo perecemos no estoy hablando de nuestras vidas particulares, sino de nuestra existencia, primero como civilización, y después quizás hasta como especie. La propia naturaleza nos lo está mostrando, se regenera y tiende a reconquistar todo lo que le hemos robado y saqueado generación tras generación.

Hoy es el COVID-19, pero, cabe otra pregunta, ¿qué será la próxima vez? Las señales están más que claras, en los últimos 40 años han aparecido nuevas enfermedades antes desconocidas y su virulencia ha ido en aumento. Apareció el VIH-SIDA y no hicimos caso, después el SARS Co-V y tampoco sacamos la lectura correcta, a esa le siguió el A(H1N1), después el MERS-CoV y ahora el SARS Co-V2 y al parecer tampoco estamos haciendo caso. Es lógico, ahora estamos inmersos en su control y erradicación y las personas están inmersas a tiempo completo en esa tarea. Pero los que no somos científicos, ni médicos, ni enfermeras ni gobernantes, estamos pendientes de la última noticia y ocupados en evitar que nos alcance. Pero tenemos más tiempo que los que luchan directamente, por tanto, tenemos el deber de pensar, analizar y planificar, al menos, lo que vamos a hacer con nuestras vidas y que rumbo vamos a tomar una vez que esto termine.

No hay apocalipsis en mis palabras. En primer lugar, porque ese es un término muy mal utilizado para designar el fin del mundo. Porque apocalipsis realmente significa «revelación» y en ese sentido si soy apocalíptico. La Tierra nos está dando una nueva señal, esta vez más fuerte y más clara ¿también vamos a ignorarla?

Y para aquellos que han llegado la lectura hasta aquí y aún no lo ven claro, aquí les dejo a mi entender la respuesta a la pregunta ¿Por qué está sucediendo esto? ¿Cuál es la finalidad oculta tras una pandemia que asola a la especie humana y contra la cual de nada ha valido el poder, ni el dinero, ni el desarrollo económico, ni ningún otro de los rasgos que distinguen a la «civilización humana»?

Muy simple, y por tanto, muy complejo y profundo. Partiendo del enfoque y la comprensión de que la Tierra es un ser vivo dónde todo está interrelacionado y dónde la especie humana es, lejos de ser la dueña de la naturaleza como hasta ahora hemos creído, sólo un eslabón más, una pieza más en ese sistema vivo, pues es más que evidente que la especie humana se ha salido de control y ha dejado en gran parte de ser útil al sistema para ser útil a sí misma y a su crecimiento descontrolado y arrollador. Si le preguntamos a cualquier médico o biólogo nos dirá que cuando en un organismo parte de sus células experimentan cambios así pues estamos en presencia de un cáncer. Y es precisamente en lo que se ha convertido la civilización humana, en un cáncer que atenta contra la salud y estabilidad de ese ser vivo que llamamos Tierra.

¿Y qué hace un organismo vivo cuando es atacado por un cáncer? Pues se defiende, crea anticuerpos para atacar a las células cancerígenas, se enferma y se defiende.

Entonces, con esta visión en mente, viendo lo que sucede con los seres humanos ahora mismo y viendo también como se regenera el planeta a escala global una vez que hemos detenido la economía y nos hemos recluido en nuestras casas, cabe hacernos una última pregunta, crucial y definitoria.

¿Vamos a tomar conciencia de una vez por todas de que nuestra civilización descontrolada y egoísta es el cáncer que corroe el planeta vivo que nos dio la existencia y que el coronavirus no es más que el anticuerpo generado por la madre Tierra para detener nuestro destructor crecimiento y vamos a convertir esa conciencia en acciones concretas y efectivas para dejar de ser un cáncer en metástasis y volver a ser un órgano saludable y útil?

¿O vamos a sacudirnos toda la responsabilidad, una vez que la pandemia pase, y vamos a olvidarlo todo como un mero mal recuerdo y vamos a retornar a lo mismo?

Si la respuesta de la gran mayoría de las personas es la primera, entonces dependerá de los pueblos generar los cambios y forzar a las élites gobernantes a tomar las decisiones correctas o a abandonar definitivamente el poder. Pero para que eso suceda dependerá de cada uno de nosotros, lo seres humanos, tomar las acciones necesarias en nuestras propias vidas. Los grandes y duraderos cambios nunca vienen de arriba hacia abajo, sino que comienzan abajo y van creciendo hasta que las élites los aceptan o perecen como clase social dominante.

Si la respuesta es la segunda, entonces, sí salimos de esta pandemia, pueden estar seguros de que el próximo virus que genere la madre Tierra no podrá ser detenido y definitivamente nos borrará del sistema, sino como especie, si como «civilización».

La decisión es nuestra. Eso ningún gobierno tiene que orientárnoslo, somos nosotros quienes tenemos que exigirlo y hacer que se cumpla. Sólo de nosotros depende.

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Espero que algún día nos volvamos a ver en un mundo sano y justo.

Acerca del autor: Este artículo fue escrito por SIMBIOSIS.


Artículo escrito por Autor Invitado

Este articulo fue escrito por un profesional con experiencia en estrategia, marketing y negocios, que ha querido compartir sus conocimientos con la comunidad emprendedora.

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