Entrevista a Elena Cáncer, une creativa en el negocio de la Joyeria

La ría de Bilbao no sólo es el entorno en el que brilla el Museo Guggenheim, también es la tierra que vio nacer y ha inspirado la obra de una diseñadora que ha logrado convertir el metal en auténtica obra de arte, dentro del mundo de la joyería de autor. Entrevistamos a Elena Cáncer, ahora reconvertida en Elena Canter, para conocer en profundidad el universo creativo de su obra.

Usted iba para filóloga y al final se ha convertido en una de las representantes de la joyería artesanal española. ¿Cómo se da el salto?

La verdad que como todo en la vida, las cosas van surgiendo. Yo estudiaba en la Universidad de Deusto y decidí terminar la carrera de Filología Francesa en Madrid, donde comencé a descubrir otro mundo. A finales de los 70, me trasladé junto con mi madre a Ibiza y decidimos abrir dos tiendas de antigüedades, en las que vendíamos vestuario de teatro, adornos Art-decó, botones y joyas de baquelita, entre otras cosas.

Siempre me ha interesado mucho el Arte, el vestuario, los sombreros…tengo una especial fascinación por el Art-Decó y las joyas antiguas, de todas las épocas, pero sobre todo porque me interesan más las formas que la calidad de las piedras. Hubo una época en los dorados años 20 en los que los sombreros se adornaban de impresionantes elementos. Esto fue quizá lo que me llevó a crear mi primera colección de accesorios.

¿Por qué decidió ese camino y no otro?

Me decanté por el diseño de joyas porque la ropa no es mi fuerte, soy quizá una mujer más de objetos que de moda. Siempre digo de mi misma que estoy más cerca del diseño de una lámpara que de un vestido, aunque también colaboré en una colección de zapatos. Para mí era más accesible, estaba más cerca de mi ámbito de conocimiento. Siempre he pensado que el mundo de los mayorista de joyas está más cerca del arte, del mundo ornamental, que realmente es donde me siento cómoda.

Mi obra tiene un denominador común que se mantiene durante estos años. Es más, en mis tiendas conviven piezas de las primeras colecciones con las más actuales, mi obra ha evolucionado pero no hay opuestos, es un camino estético continuista. Es a principio de los 90 cuando entro de lleno en el metal, que es mi auténtica pasión. Al ser de Bilbao guardo en mis recuerdos ese Bilbao industrial, los barcos, los puentes que se abrían, ese olor y ese color de ciudad mojada, esa estética me ha marcado durante toda mi carrera.

Siguiendo esas pautas, ¿qué podemos encontrar en sus joyas?

Parto de la base que comprar en joyería online son un objeto a mirar. Me encanta mirarlas, me gusta tocarlas, sentirlas porque son como esculturas, gracias a sus materiales y sus formas. Podemos encontrar un cúmulo de culturas, como la celta o la mediterránea en ciertos momentos y colecciones; muchísimas influencias egipcias, la geometría, la forja española, la cerámica…

¿Qué influencia a una diseñadora como usted?

En un primer momento los nudos eran uno de mis signos de identidad, junto con los trenzados, las telas de araña y los tejidos pero actualmente me he alejado de ellos para acercarme a los cuadrados puros y los mosaicos geométricos rotos, sin abandonar con ello el metal, el oxidado y el hecho en España.

Actualmente me inspiran mucho las puertas, ventanas, nornamentos, líneas en general porque me permite hacer joyas en joyerías muy geométricas. Acabo de crear un nuevo collar en forma de ventana invertida para la nueva colección. Me nutro mucho también del mundo de la fantasía, del cómic épico, de las grandes heroínas, aunque soy muy libre. He conseguido crear un estilo totalmente reconocible y seguir creciendo sola en estos años. En Elena Canter procuramos ofrecer mucha calidad y un diseño diferente a lo que hay en el mercado.

¿Tiene algo que ver la ría y la tradición industrial de Bilbao, su ciudad natal así como el negocio metalúrgico de su familia?

Sin duda la metalurgia vasca ha tenido mucho que ver en quién soy y lo que hago. Es más, mi padre tenía una empresa que fabricaba bidones y el metal forma parte de mi vida desde siempre. Esa estética, esa ciudad industrial, ese color oxidado se ha conservado durante tiempo. Creo que una de las cosas por las que mi obra encaja bien en ciudades como Londres o Nueva York, es por ese encanto industrial que ambas poseen.

Hemos leído que la culpa de todo la tienen unas cadenas que le regalaron y que, sin buscarlo, se convirtieron en joyas. ¿Cómo
fue?

Es cierto que cuando estaba empezando llegó a mis manos un rollo de cadena, con el que empecé a jugar como si fuera un ovillo de lana enroscándolo en la muñeca hasta formar un brazalete. Y así nació mi primera pieza, sobre la que comenzamos a trabajar, creamos un cierre, la adaptamos y la convertimos en joya.


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