La citricultura en España en lucha con Marruecos

Nunca será suficiente el repetir la afirmación de que el problema de la citricultura hay que verlo, analizarlos y sopesarlo a la luz del conjunto de países que comercializan sus frutos en los mismos mercados. Pensar como todavía hay quien lo hace, que hemos de regirnos por los precios de costo internos, es volverse de espaldas a la realidad. Hay una verdad constante. En los mercados del consumo – que son los mismos para Israel, Argelia, Túnez, Marruecos, Grecia, algo Turquía y algo Italia-, cuentan los precios a que pueden pagar los agrios. El precio que se opere en el mercado productor les tiene sin cuidado a los importadores, mayoristas y público, pero muy principalmente a los dos citados en primer lugar. Si de verdad creemos en la ley de la oferta y la demanda nada podremos reprocharles, puesto que si cualquier otro país le ofrece naranjas de zumo a mejor precio, dentro de una calidad aceptable, es lógico que el comprador se incline por ellos.

Han de ser grandes, de otra parte, las diferencias de calidad , presentación y servicio, para que se acepten precios superiores. De ahí nuestras ventajas de proximidad, de rapidez en el servicio, también, y no escasa, es la que tenemos en cuanto a la posibilidad de servir lo que se nos pida y en el tipo de envase que se quiera. También la calidad es baza importante nuestra.

¿Es qué todos nuestros competidores están faltos de calidad?

Creerlo así es erróneo e induce a pensamientos alejados de la realidad. Las dos variedades en las que se cifra el sumun de calidad – navels y clementinas -, son frutas que exporta también Marruecos. Seamos justos en afirmar que en realidad las últimas hacen mayor tamaño que las nuestras. La diferencia que distinguen las frutas de aquel país con el nuestro son, a nuestro juicio, el color y el agridulce, más acusados ambos en las de nuestra geografía. Únase a ello que precisamente por ser más dulces su condición o resistentica al podrido es  inferior, y no se deje en saco roto que necesariamente han de hacer sus envíos por vía marítima. De allá que siempre hayamos defendido que nuestro verdaderos y más temible competidor es Marruecos. Las frutas de Israel no pueden codearse, en cuanto a calidad se refiere, a las nuestras, y tampoco a las marroquíes.

Nuestras diferencias con los cultivos de aquél país comienzan por el punto de que se trata de plantaciones más jóvenes, en general, que las nuestras. Las tierras han sido poco trabajadas, al contrario que las nuestras que, de siempre, están presentes en el laborar del país. No olvidemos que es éste un país con una agricultura que en la actualidad se expansiona.


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