Las 2 premisas para aumentar la productividad en la Empresa

La productividad en la Empresa no se puede aumentar por medio de normas. En primer lugar, porque todas las normas tienen una demanda colectiva y la productividad es un hecho completamente individual. En segundo lugar, porque las normas generan algún tipo de sanción o desincentivo si no son respetadas. Y esto, en el mejor de los casos, solo consigue generar una productividad «forzada», poco genuina y fugaz.

Por lo tanto, y como pre-requisito, las empresas necesitan olvidarse de las normas cuando desean aumentar su productividad. Luego pueden poner en marcha las 2 siguientes medidas:

Aumentar la productividad en la Empresa

1.- Olvidar el enfoque dirigido al Empleo y al empleador cuando se aborda el tema de la productividad en la empresa. Dirigir la atención hacia el INDIVIDUO: el empleado, el trabajador, el profesional.

El individuo es quien debe desarrollar sus niveles de productividad. Y lo debe hacer tomando consciencia que en ello se juega su futuro y prosperidad.

En esto no ayuda la legislación paternalista que “desincentiva” el desarrollo profesional precisamente al crear “zonas seguras” para el trabajador que no necesariamente tiene la productividad adecuada.

En lugar de preocuparse en desarrollar normas que ayuden con la productividad, las empresas deben incorporar individuos que tengan consciencia de lo que ésta es. Y convencimiento que a partir de ella labran un futuro profesional para ellos mismos, más alla de la organización en la que circunstancialmente se encuentren.

Si la persona es productiva «per se», la empresa solo encauza y orienta ésas energías hacia sus propios específicos.  Y no convierte la propia productividad de las personas en uno de sus objetivos organizacionales.

Esto se vuelve un cículo vicioso. Porque existe mucha dispensación de energía por parte de la Empresa en el solo afán de aumentar la productividad de sus trabajadores. Hecho que genera descuido y debilidad en la consecución de los objetivos propios del Negocio.

El tema de la productividad debe ser parte del «software mental» de los individuos. Y las empresas deben dirigir sus esfuerzos a seleccionar y reclutar ése tipo de profesionales. Ése esfuerzo es menor que el invertido en desarrollar normas. Y es mucho más efectivo.

¿Parece absurdo recomendar que las empresas que desean ser más productivas contraten personas que rindan culto a su propia productividad?

Pues absurdo no es. A lo sumo se puede entender como una tautología o una obviedad, pero absurdo no es. Lo que es absurdo de verdad es que las empresas crean (e inviertan grandes recursos), en complejos procesos normativos como fórmula para aumentar la productividad.

Ahora bien, muchas cosas deben cambiar para que las sociedades actuales fomenten el sentido individual de la productividad. La educación convencional tiene que cambiar. Debe dejar de concentrarse en el desarrollo de conocimiento y orientarse a las actitudes, hábitos, costumbres, inteligencia emocional, sano sentido de ambición, competitividad, menor aversión al riesgo.

Se debe explicar a todos, y con claridad, que el empleo es una OPCION para el perfeccionamiento de la capacidad de producción, no necesariamente el destino final de toda vida profesional. Hay que desarrollar inteligencia financiera, estimular la auto superación y la vida autodidacta.

Las organizaciones no tienen el alcance para educar a los individuos. Apenas reciben el “producto” que el sistema produce. Pueden efectivamente entrenar, capacitar o incluso adoctrinar a las personas, pero todo ello no reemplaza la educación que reciben en el hogar y las instituciones educativas básicas.

Las organizaciones deben extremar esfuerzos en sus actividades de SELECCIÓN  de personal.

Deben incorporar a su estructura individuos que por principios, carácter, experiencia y desempeño, comulguen con la naturaleza del trabajo que se ofrece. Luego es fundamental establecer objetivos claros para el trabajo, coherentes con el destino del Negocio.

La productividad en una Organización se alcanza de la misma manera en la que una orquesta desarrolla una pieza musical:

Existe una partitura común (los objetivos). Cada quién sabe el papel que en ella desempeña. Todos tienen trabajos diferentes que corresponden con el conjunto. Cada uno es el mejor en la ejecución del instrumento musical que toca y  el director, finalmente, se preocupa del desempeño armónico y coordinado del sistema.

Antes y después de cada ejecución hay preparación. Pero cada miembro es un profesional en aquello que hace. Alguien que sólo se está perfeccionando con el trabajo. No uno que llega para que le digan cada cosa que debe hacer.

2.- Los “mandos naturales” son los que deben sustituir normas por orientaciones, instrucciones y órdenes.

Los “jefes” son los responsables de conseguir que los trabajadores alcancen el mayor nivel de productividad posible. No la autoridad laboral, la gerencia o el departamento de Personal. Más bien los jefes directos, los “mandos naturales”. Aquellos con los que el trabajador interactúa y convive la mayor parte de su tiempo.

Estos tienen la capacidad de individualizar a los miembros de su equipo de trabajo y alcanzar sinergia con ellos de acuerdo a sus particularidades y características. Ellos deben orientar donde corresponda. Dar instrucciones cuando sea conveniente, u órdenes (que no es lo mismo), cuando amerite.

Ellos son los que deben reflexionar, motivar, amonestar, premiar, castigar.

De estos “jefes” depende la productividad, en un sentido “vertical ascendente”. Desde la base de la Organización que se encuentra en contacto directo con el cliente, hasta el ápice de la dirección que reporta a los accionistas.

Este es el ENFOQUE TACTICO como conducta de gestión. Uno opuesto al enfoque holístico que generaliza realidades y gestiona en sentido “vertical descendente”.

El enfoque táctico se fundamenta en la tarea de los mandos naturales y su capacidad de liderar los equipos de producción.

El enfoque táctico escoge muy bien a estos jefes. Y los tiene presentes en todo lo que es importante para la Organización: objetivos, planes, Estrategia, recursos. Estos jefes son los encargados de alcanzar la mayor productividad con sus equipos de trabajo. Con amplia libertad táctica. Plena consciencia de la obtención de metas y conocimiento cabal de potencialidades, virtudes y defectos de los miembros del equipo.

Estos jefes no necesitan una densa cobertura de normas y disposiciones para aumentar la productividad. Ellos son la “norma principal”, el referente primero y final. Y estos jefes saben que son dispensables en tanto su labor no conduzca a los objetivos. Y lo haga, además, mejor y más rápido que la competencia, es decir, con mayor productividad.

DATOS DEL AUTOR.-

Carlos Eduardo Nava Condarco, natural de Bolivia, reside en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, es Administrador de Empresas y Empresario. Actualmente se desempeña como Gerente de su Empresa, Consultor de Estrategia de Negocios y Desarrollo Personal, escritor y Coach de Emprendedores.

Autor del libro: “Emprender es una forma de Vida. Desarrollo de la Conciencia Emprendedora”

WEB: www.elstrategos.com

Mail: carlosnava@elstrategos.com

Facebook: Carlos Nava Condarco – El Strategos

Twitter: @NavaCondarco


Artículo escrito por Carlos Nava Condarco

Asesor y Escritor en Estrategia de Negocios, Apoyo a Emprendedores y Desarrollo Personal. www.elstrategos.com

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