PROFIM indignado con la economía

Nuestros políticos. El mayor problema de la España actual. No el tercero, no. El primero. Porque un buen político puede hacer que un país funcione. Tiene el poder y los medios para ello, no les quepa la menor duda. Podrían haber creado un modelo económico que no se basara en el Monopoly. Habría bastado con fomentar fiscalmente las actividades empresariales distintas de la construcción o del sector inmobiliario. Podían haber bonificado en las cuotas a la seguridad social la creación de puestos de trabajo fuera de esos sectores. Y todo ello – subvenciones, ventajas fiscales, bonificaciones –  potenciado en el caso de empresas donde la exportación fuera una parte importante de la facturación, o en empresas de tecnología. También podrían haber dado mayor peso a la deducción por alquiler. Todo eso y mucho más se puede hacer con el BOE (Boletín Oficial del Estado) en la mano. Y son sólo unos cuantos ejemplos de lo puede hacer el que manda. Y luego llegó la incompetencia máxima: no hacer nada cuando los errores de años anteriores degeneraron en la crisis, cuando ya era una realidad. Espero que la historia sea dura a la hora de juzgar los últimos diez o quince años de la historia económica reciente de España y de los responsables del desaguisado, especialmente los de los últimos cinco años, cuando hace ya más de cinco años decenas de economistas avisábamos reiteradamente de la que se nos venía encima.

Este es el punto de vista de un profesional del sector como PROFIM.

Por eso insisto que la clase o casta política es en realidad el gran problema de España, y no me refiero solo a un problema político, sino a un problema económico y financiero. Porque una clase política de alto nivel podría relanzar económicamente un país que en el fondo es serio, prudente, bastante equilibrado – una guerra civil quieta muchas ganas de pelearte con el vecino,  aunque los políticos traten de provocar esas peleas -, un país  que es trabajador por naturaleza, aunque ciertamente en esto último haya diferencias notables entre sus ciudadanos. Pero en general el español es tan trabajador como cualquier otro “currante” europeo. Lo malo es que no se organiza bien, pero eso ya es otro asunto. El verdadero problema es que no está bien dirigido, porque sus políticos son un auténtico desastre. Como decían en el poema del Mío Cid “qué buen vasallosi tuviera buen señor”.


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