Trabajo temporal en el exterior ¿Privilegio?

Odio a los humanos, piensa Clok mientras le da cuerda a su viejo reloj de bolsillo. Están congelando el tiempo día tras día y solo cuando no pueden evitarlo, el día de su cumpleaños envejecen un año, no les vale ir poco a poco como cuando eran niños que contaban el tiempo por semanas al principio y luego por meses, creciendo sin parar con el paso de los días, las estaciones y finalmente los años…

Años pensó, rascándose la cabeza ya sin pelo, años que lejos de coincidir con las estaciones, estaban atados, pintados, grapados en papel y finalmente clavados a la pared para que no se escapen.

Si el trabajo de los elfos del tiempo se hiciera como en los tiempos antiguos sería todo más fácil, cambiar el ciclo al empezar la primavera, cuando la oscuridad ya ha pasado y todo va a mejor… Pero no es esa mi tarea, con un crujir de huesos Clok se estira y camina hacia su destino, los elfos están esforzándose para terminar el año tras meses de duro trabajo y cuando suene la última campanada Caerán bajo el hacha de Clonk, dejando su hueco a los nuevos elfos y su nuevo año…

El pasado 16 de noviembre Fedesarrollo, la Cámara de Comercio de Bogotá y la Fundación Konrad-Adenauer organizaron un debate donde se presentaron los principales resultados de la  encuesta  social  longitudinal de Fedesarrollo realizada en 2010. El debate hizo énfasis en el trabajo temporal e indirecto y sus implicaciones sobre el mercado laboral. Desde Fedesarrollo creemos que es un tema central que desafortunadamente se ha quedado por fuera del debate técnico, ha sido poco estudiado y resulta una pieza central para entender de manera integral el mercado laboral colombiano, caracterizado por problemas estructurales como lo son el desempleo y la informalidad, en parte generados por las excesivas cargas a la nómina que deben enfrentar las empresas.

No se van en trenes con maletas de cartón pero llevan sus bienes más preciados: un portátil, un móvil de última generación regalado por un familiar o conseguido a base de una lucha de puntos sin cuartel. Suelen tomar un vuelo de bajo coste, cazado pacientemente en las redes de Internet. Se van a hacer un máster, o han logrado una mal llamada beca Erasmus que costará a la familia la mitad de sus ahorros. Otras veces van a hacer de au-pair, de auxiliar de conversación, o a cualquier empleo temporal. La familia va a despedirlos a la puerta de embarque y mientras se alejan disimularán unos su pena y otros su incipiente desamparo. “Es por poco tiempo -se dicen-. Dominarán el idioma, conocerán mundo… Regresarán en pocos meses”.

Hasta hace poco era un privilegio de los nuevos tiempos que les permitía gozar de una libertad sin límites, de un mundo sin fronteras, de una capacidad casi infinita de aprendizaje… Hasta que llegó la crisis y la maleta pareció distinta, la espera en la fila de embarque más embarazosa, la despedida más triste y el fantasma de la ausencia definitiva más cercano.


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