¿Cómo se define al buen trabajador?

No es fácil contestar. Es una pregunta que admite muchas posibles respuestas. Y si en la respuesta intervienen un grupo de psicólogos, la definición del buen trabajador tendrá tantas variantes como psicólogos haya en el grupo (bueno, o tal vez más).

Pero en general, y aparte de la obvia necesidad de que el empleado haga más o menos eficazmente su trabajo, podría decirse que, desde hace muchos años, a los ojos de un empresario clásico un buen trabajador es aquel que prima sustancialmente el tiempo de su vida que dedica al trabajo para la empresa.

Es decir, el que trabaja y se esfuerza muchas horas. El que dedica la mayoría de su tiempo a su trabajo. El que dedica su vida casi más al trabajo que a su propia vida.

El tiempo es la variable fundamental. De un trabajador que dedica muchas horas a trabajar se dice de él que es un trabajador “comprometido con la empresa”. Y el ejemplo de los trabajadores japoneses se pone como máxima referencia arquetípica, fruto de una cultura y filosofía de vida que hace del individuo alguien dedicado íntegramente a la Empresa (así van luego los japoneses, que a la que te despistas se emborrachan y acaban cantando en karaokes grandes éxitos de Michael Jackson).

Simplificando, podría decirse que la historia laboral de la sociedad occidental es una lucha entre el empresario (suena música ominosa) y el trabajador (suenan arpas y liras celestiales) por cuánto tiempo de su vida dedica el segundo a trabajar para el primero.

Repasémoslo someramente, viendo la evolución histórica de la jornada laboral en cuatro sencillos pasos.

  1. Antes de la Revolución Industrial, la jornada laboral constaba de 6 días, con 1 de descanso.
  2. Con la llegada de la Revolución Industrial, la jornada laboral llegó a ser de 7 días, sin ninguno de asueto y, dicho sea de paso, con los niños trabajando a partir de la edad de 8 años (algo que a veces les recuerdo a mis hijos cuando los veo un poco quejicas, enalteciendo ante ellos las virtudes pedagógicas del trabajo infantil en las minas de carbón).
  3. Posteriormente, tras volver a la semana de 6 días, el paso siguiente fue una reducción de la jornada laboral por vía de la creación del fin de semana inglés, que unía la tarde del sábado con el domingo. Con lo cual había 5 días y medio de trabajo y uno y medio de descanso
  4. Con la extensión de la sociedad de consumo se generalizó la semana de 5 días laborables y 2 de fiesta. Este tipo de sociedad necesita que la gente tenga tiempo libre para poder realizar gasto en compras y en ocio, ya que es el consumo lo que mantiene ese modelo de sociedad (solo hay que ver que una parte de los problemas de la crisis actual se deben a que el consumo no crece). ¿Y quién consume si no tiene tiempo libre?

Como vemos, ha habido unos movimientos pendulares en cuanto a la jornada laboral, alargándose o acortándose según las épocas y los modelos de sociedad. Pero podría decirse que en todas ellas se ha mantenido el principio filosófico invariable de que un buen trabajador es quien trabaja muchas horas para la empresa.


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