Emprendedor: la prueba del Dólar, el último de los temores

Aunque éste temor no es privativo del Emprendedor, a él le atinge de manera particular, porque pone a prueba la categoría de su carácter y la fortaleza de sus convicciones.

El temor es el siguiente:

¿Qué pasaría si todo falla irremediablemente y solo queda un dólar en el bolsillo?

No solo es aconsejable hacerse ésta pregunta, es INDISPENSABLE por una razón sencilla: ¡el hecho existe como posibilidad!

El Emprendedor se encuentra rodeado de mensajes de ánimo y positivismo siempre, muy pocas veces existen argumentaciones distintas que no sean interpretadas como “malos augurios” o recomendaciones de “gente timorata” que no quiere tomar ningún riesgo en su vida. Se propende a no considerar ni dar importancia a pronósticos “pesimistas” o criterios conservadores.

Para el Emprendedor “de cepa” ésta forma de pensar es equivocada.

El Emprendedor que ha tomado la decisión consciente de hacer del Emprendimiento una forma de Vida, entiende perfectamente que debe ser Optimista en el corazón y Pesimista en la cabeza. Sabe que toda evaluación sobre sus intenciones e ideas de negocio es Positiva, especialmente porque se encuentra seguro de su Capacidad de Producción, más allá del potencial que las otras tengan.

Los Emprendedores que inician el trayecto considerando únicamente las posibilidades de ganar, no son Emprendedores, son “apostadores”.

Emprendedor

Pueden efectivamente salir airosos en su cometido, pero si algo falla más allá de su umbral de tolerancia, darán la vuelta y mirarán para otro lado.

Éste pronóstico se ajusta para el Emprendedor que en el horizonte sólo visualiza el millón de dólares. Bien lo dijo John D. Rockefeller: “Si el único objetivo que tienes en la Vida es volverte rico, nunca lo alcanzarás”.

No está mal visualizar el millón de dólares como objetivo sano que rige acciones e intenciones, pero establecerlo como propósito exclusivo y fundamental es posiblemente el peor de los errores que puede cometerse. O es, al menos, uno que no proporciona fortaleza y perfil competitivo.

La orientación apropiada para el Emprendedor “de cepa” es visualizarse (en algún momento), con UN DÓLAR en el bolsillo, no con un millón.

No es difícil imaginar lo que se puede hacer con un millón de dólares, pero… ¿con UN DÓLAR? Esta respuesta solo la tiene un hombre entre mil.

¿Existiría la capacidad de salir de la encrucijada, revertir los hechos y retomar camino? ¿Se podría empezar de nuevo con el mismo vigor e igual entusiasmo?

La respuesta positiva define la existencia de un genuino Emprendedor, la respuesta negativa no.

Para entender esto es importante establecer una diferencia: la que existe entre Sujeto y Objeto. El Emprendedor es el Sujeto, lo que hace, alcanza o consigue es el Objeto. El Valor de lo que representa ésta ecuación se encuentra siempre en el Sujeto, nunca en el Objeto. El Emprendedor es el que tiene Valor, no aquello que alcanza o posee.

El Emprendedor es el que vale, no el millón de dólares ni tampoco el dólar.

Cuando el Valor se encuentra en el Sujeto, el Objeto está asegurado, más temprano que tarde. Cuando el Valor se encuentra en el Sujeto, no existe dependencia de las externalidades, la Vida no se mide en función del oficio que se tenga, del Negocio que se posea o la cuenta bancaria, los resultados de la Vida se miden en función de la CAPACIDAD DE PRODUCCION  que tiene el Sujeto.

Cuando el Oficio desaparece, el Negocio cierra o la cuenta bancaria desaparece, la Capacidad de Producción permite que todo continúe y, eventualmente, que todo se recupere.

La “prueba de fuego” consiste en que el Emprendedor visualice un camino que debe efectuar con UN DÓLAR. Si se siente capaz de hacerlo, TODO lo demás está garantizado.

Posiblemente el Temor a Perder es una de las angustias más grandes que el hombre tiene. Éste es el temor que le impide embarcarse en procesos que eventualmente le permitan Ganar algo. Por esto se dice que el Temor a Perder es finalmente un Temor a Ganar.

Y cuando se hace referencia a la Prueba del Dólar tiene que presumirse que el Emprendedor lo ha perdido prácticamente todo (lo referente al Objeto). ¡Es difícil procesar esto!, en realidad es muy difícil imaginarlo.

Pero precisamente en esto consiste la Prueba, en superar la dificultad de visualizar un escenario así, en poder “experimentarlo” con la misma sensibilidad que se tiene para el millón de dólares. Así se pierde el Temor, cuando se lo mira a los ojos de manera directa, cuando se lo acepta e incorpora entre todo lo relativo que representa la Vida. No hay frase más mezquina que aquella de “no quiero ni siquiera imaginarlo” cuando se proyectan adversidades en el camino. Esta actitud rehúye el temor natural y le da vigor y proporciones.

Ahora bien, referirse a “un dólar” es una simplificación necesaria, pero la alusión específica es a la escasez y ausencia de los elementos que posibilitaban una decisión más sencilla para “emprender”. Si estos factores básicos no existieran o se hubieran perdido:

¿Igualmente se Emprendería?

¿Si se tiene que empezar de nuevo, igualmente se empezaría?

¿Si el juicio implacable de los demás emerge (porque siempre lo hace en estas circunstancias), igualmente se proseguiría?

¿Si en el juicio ajeno se es más bien un Perdedor, un soñador o individuo divorciado de la realidad, igualmente se levantaría la cabeza y seguiría?

¿Si deben abandonarse factores esencialmente vinculados a la “calidad de vida” (la casa, el automóvil, las vacaciones, las colegiaturas, los gustos habituales, el ocio, etc.), se continúa igualmente?

¿Si cuesta, incluso, enfrentar enfermedades y emergencias, se sostienen las convicciones y acciones?

Las respuestas a todo esto no deben procesarse con inmadurez. Acá no tiene cabida ninguna soberbia o actitud altanera. La Vida dobla la cerviz de aquellos que carecen de humildad para evaluar, incluso, sus propios intereses.

Tampoco se debe considerar la prueba en términos de su “improbabilidad” o futilidad, porque esto sería una necedad parecida a la de un deportista que desea ser atleta profesional pero se resiste a entender los “costos” que esto le representará en su vida (sacrificio, dolor, renuncia, aislamiento, etc.).

Se precisa una respuesta honesta, sincera. Madurez interna, fortaleza espiritual, entendimiento del sano desapego hacia las externalidades. Amor propio.

Buena parte de la mediocridad en este mundo se explica por la resistencia de la gente a pagar el Costo que representan las cosas que quieren en la Vida. Éste es habitualmente mayor en cuanto más grandes son las expectativas. ¡Y hay que estar plenamente consciente de eso! Una visión de Vida llena de promesas y sin la existencia de costos, es un espejismo que se vende a los incautos. El Emprendedor no debe incluirse entre ellos.

Para esto sirve también la humildad de entender que la Vida se encuentra llena de Maestros y que el camino del conocimiento, y sobre todo del entendimiento, no pasa sólo por encontrar un Mentor que se “encuentre allá donde se desea llegar” (¿Mentor o Maestro?). Esto último también forma parte de la parafernalia de promesas que se le vende a la gente para alcanzar en 30 días el paraíso. ¡Mucho se puede aprender de aquellos que están pasando sus pruebas!, posiblemente más que de aquellos que ya las han superado o aún no han llegado a ellas.

Finalmente la Prueba del Dólar servirá también para se adopten todas las PREVISIONES que ayuden a que “lo posible sea aún más improbable”.

Porque cuando se visualiza la Vida con UN DÓLAR se activan seria y honestamente las precauciones. Porque cuando se visualiza la posibilidad del sano fracaso, se toma mayor aprecio a lo que hoy se posee y se redoblan esfuerzos para precautelarlo. Porque cuando se internaliza genuinamente la posibilidad de la derrota, aumenta el amor por la victoria.

Todos pueden interpretar las bondades de la Vida con un millón de dólares, sólo unos cuantos la pueden visualizar igual con un dólar. ¡Esto diferencia a ganadores de perdedores, esto diferencia a un Emprendedor “de cepa” de un apostador”!

(Si estás pasando alguna prueba o deseas activar previsiones y precauciones al respecto no dudes en contactarte conmigo por medio de la cuenta de Twitter).

DATOS DEL AUTOR.-

Carlos Eduardo Nava Condarco, natural de Bolivia, reside en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, es Administrador de Empresas y Empresario. Actualmente se desempeña como Gerente de su Empresa, Consultor de Estrategia de Negocios y Desarrollo Personal, escritor y Coach de Emprendedores.

Autor del libro: “Emprender es una forma de Vida. Desarrollo de la Conciencia Emprendedora”

WEB: www.elstrategos.com

Mail: carlosnava@elstrategos.com

Facebook: Carlos Nava Condarco – El Strategos

Twitter: @NavaCondarco


Artículo escrito por Carlos Nava Condarco

Asesor y Escritor en Estrategia de Negocios, Apoyo a Emprendedores y Desarrollo Personal. www.elstrategos.com

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1 Comentario en este artículo
  1. Miguel Ceballos Reply

    Muy de acuerdo y bueno que se toque este tema. Muchas veces el emprendedor se ciega con la sobre-motivación. Pero estar motivado y pensar positivo no quiere decir que ignoremos el riesgo real que existe.

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